
Go Slimey Go!: El gran plataformero argentino que viene a perfeccionar el género
Go Slimey Go!: El gran plataformero argentino que viene a perfeccionar el género
El título de Agustín Fernández, Julián Chab, Joaquín Calvo y Toni Leys apuesta por la simpleza, el diseño de niveles preciso y una dificultad justa para ofrecer una experiencia desafiante, atemporal y muy bien ejecutada dentro del desarrollo nacional.
En los últimos meses, Go Slimey Go! se consolidó como uno de los plataformeros argentinos más esperados e importantes, tanto a nivel local como regional. Su presencia constante en eventos como EVA, IDA y el último Latin American Games Showcase le permitió construir una identidad fuerte dentro de la industria, al punto de generar expectativa incluso antes de su lanzamiento. El shadow drop durante ese showcase terminó de confirmar que no se trataba de una promesa vacía, sino de un proyecto con respaldo y confianza.
La recepción dentro del circuito independiente fue inmediata. El juego supo moverse muy bien dentro del ecosistema de eventos, mostrando avances sólidos y una propuesta clara que fue creciendo con el tiempo. Esa visibilidad sostenida le permitió llegar al público con una base firme sostenido por la cantidad abismal de premios ganados en estos como "Mejor Juego" en EVA 2025 e IDA 2025.
Un slime secundario en un mundo en guerra
La aventura nos pone en el rol de Slimey, un pequeño slime que habita un mundo de fantasía atravesado por una guerra entre dos bandos. Lo interesante es que ese conflicto nunca ocupa el centro de la escena, sino que se mantiene en segundo plano mientras el jugador avanza por los niveles.
Lejos de ser el héroe elegido o el villano de turno, Slimey no busca salvar el mundo ni derrotar a nadie y su objetivo es mucho más simple y humano dentro de su lógica absurda. Llegar a la casa de sus amigos para compartir un mate, algo que incluso se refleja en el cierre de muchos niveles. Ese contraste entre un mundo épico y un protagonista mínimo funciona muy bien y recuerda a esos personajes secundarios de universos como Dragon Quest, que suelen vivir historias paralelas al gran relato principal.
Una estructura clásica bien aprovechada
En términos de contenido, la experiencia se organiza en 25 niveles principales distribuidos en cinco mundos claramente diferenciados. Lava, agua, hielo y sus respectivas variaciones ofrecen escenarios reconocibles, pero con giros propios que evitan la repetición y donde cada mundo introduce nuevas combinaciones de desafíos sin romper la lógica general del juego.
Una vez completados esos niveles base, se habilita un endgame que se desbloquea utilizando las monedas coleccionables, agregando un incentivo extra para quienes buscan completar el juego al cien por ciento. Las monedas principales suelen obtenerse sin demasiados problemas, pero las coleccionables exigen precisión, repetición y un mayor dominio de las mecánicas, invitando a revisitar niveles ya superados.
Simple en apariencia, exigente en ejecución
A nivel jugable, Go Slimey Go! apuesta por la simpleza absoluta. El personaje puede moverse a izquierda, derecha y saltar. No hay poderes especiales ni habilidades ocultas. Sin embargo, el salto cuenta con una física precisa y muy bien calibrada, permitiendo saltos cortos o largos según cuánto se mantenga presionado el botón.
Con tan pocas acciones disponibles, el juego logra construir una experiencia desafiante y muy técnica, donde cada error se paga caro. Morir es parte del aprendizaje y ocurre seguido, pero siempre de manera justa. La dificultad nunca se siente arbitraria, sino consecuencia directa de la lectura del escenario y la ejecución del jugador.
Precisión, speedrun y filosofía clásica
Esta lógica recuerda mucho a propuestas como Neon White, no tanto por su estructura, sino por su filosofía cercana al speedrun, donde repetir un nivel no es castigo, sino parte del proceso. También evoca esos niveles extremos del Super Mario Maker creados por la comunidad, donde cada salto exige una precisión casi quirúrgica y el error mínimo implica volver a empezar.
Gracias a esta base, la experiencia se siente frenética, exigente y muy satisfactoria, especialmente cuando se logra encadenar movimientos de forma perfecta. Es un juego que pide concentración, pero que recompensa con una sensación constante de progreso.
Una propuesta atemporal y bien ejecutada
Todo lo anterior convierte a Go Slimey Go! en un juego atemporal, capaz de haber salido hace diez, veinte o incluso treinta años sin perder vigencia. Su estética, su diseño y su ritmo funcionan igual de bien sin depender de modas o tendencias específicas. Con muy poco, logra hacer muchísimo, apoyándose en una idea clara y una ejecución sólida.
Lejos de buscar complejidad innecesaria, el juego entiende que un núcleo simple bien trabajado puede ofrecer una experiencia memorable. Es desafiante, consistente y deja huella, especialmente para quienes disfrutan del plataformero 2D clásico.
En definitiva, se trata de una obra muy recomendable, tanto para fanáticos del género como para quienes quieran conocer uno de los desarrollos nacionales más interesantes de los últimos tiempos. Una experiencia que demuestra que el diseño inteligente sigue siendo el corazón del buen videojuego.
Agustín Aizama
Periodista. Respiro y hablo videojuegos desde que soy chico. Siempre encuentro el momento para jugar al lanzamiento de turno o un simulador de vida japones del 2002 con una taza de café negro al lado. Fan acérrimo del Jefe Maestro y el Doom Slayer y de los FPS en general pero tengo un problema, mantengo una relación tóxica con Call of Duty.