
Darwin’s Paradox!: plataformas, puzzles, sigilo y poca tinta
Darwin's Paradox!: plataformas, puzzles, sigilo y poca tinta
ZDT Studio debuta con una aventura 2D llena de personalidad y encanto visual, pero que no termina de aprovechar todo lo que tenía para dar
Darwin’s Paradox! llega de la mano de ZDT Studio y publicado por Konami. No es el tipo de juego que uno esperaría de la compañía japonesa, y eso al menos me llamó la atención.
Me encontré con un plataformero 2D protagonizado por un pulpo que debe escapar de una fábrica alienígena, con una propuesta visual llamativa y un sentido del humor que se nota desde los primeros minutos. Todo indicaba que teníamos algo especial entre manos. Y en parte lo es. Pero solo en parte.
Un pulpo fuera del agua, en todos los sentidos
Darwin es un pulpo joven que vive tranquilo en el océano hasta que un ovni lo succiona y lo deposita en un enorme complejo industrial lleno de chatarra, maquinaria amenazadora y criaturas poco amigables. La premisa es simple pero hilarante, y el juego la presenta sin una sola línea de diálogo, contando todo a través de su puesta en escena. Esa decisión narrativa tiene su encanto, pero también sus costos.
Darwin como personaje se siente incompleto. Me hubiera gustado que me generara más empatía, que reaccionara más ante las situaciones que le pasan, que tuviera más tintes caricaturescos que resaltaran su personalidad. La motivación central del juego (encontrar a otro pulpo que perdiste al principio) nunca termina de quedar clara: no sabés si son familia, amigos o pareja. Ese vínculo que debería ser el motor emocional de la aventura se siente vago, y Darwin termina siendo más un vehículo para avanzar en los niveles que un personaje con el que genuinamente te enganchás.
La historia, en el mismo sentido, es un hilo conductor bastante difuso. Lo que sí funciona es que cada nivel plantea un misterio nuevo por resolver, y eso atrapa para seguir adelante. Pero la gran motivación termina siendo querer descubrir el siguiente nivel más que descubrir qué le pasa a Darwin. Al juego le faltó inmersión en la personalidad de sus personajes, aunque el mundo en sí tiene una identidad que está más a tono con lo que propone.
Entre las plataformas, el sigilo y la poca fluidez.
Voy a ir sin rodeos: para un juego de esta dimensión y para este tipo de propuesta, esperaba una jugabilidad mucho más fluida. Un pulpo, con toda la elegancia y rareza que tiene como criatura, debería moverse con más gracia de la que lo hace Darwin en pantalla. Además, el ritmo de la propia jugabilidad, la precision a la hora de completar los puzzles o las secciones de sigilo, y las propias pantallas de ‘game over’ que te obligan a volver unos pasos para atrás terminan fastidiando más que generando esa identidad que le da gusto a este tipo de propuestas.
Dicho esto, el juego se deja jugar y se deja disfrutar. Hay momentos donde el juego con las físicas son una iniciativa interesante, donde la posibilidad de adherirte a cualquier superficie genera situaciones que se sienten distintas a otros plataformeros. Pero esos destellos de fluidez conviven con una imprecisión que te recuerda en los peores momentos que el control no siempre te acompaña.
Las secciones de sigilo son el punto más flaco del juego, y ocupan una porción enorme de la experiencia. El sigilo acá no es desafiante: es memorizar patrones. Una vez que entendés cómo funciona cada sección, el camino está claro. El problema es cuando fallás, porque la repetición se vuelve genuinamente tediosa. No hay un desafío real que te invite a mejorar, hay simplemente la obligación de volver a hacer lo mismo hasta que salga bien. El juego pareciera querer generar inmersión a través del sigilo, pero esa ambición queda descolocada cuando la construcción de esos niveles es tan básica y tan poco flexible.
Las secciones de plataformas puras, en cambio, son las más disfrutables. Cuando Darwin simplemente tiene que moverse, saltar, trepar y sortear obstáculos, el juego muestra su mejor cara.
El encanto visual que sí está
Si hay algo que Darwin’s Paradox! tiene de su lado es personalidad artística. El diseño del personaje, el diseño de los niveles, la forma en que construye su universo: todo tiene una identidad propia que se nota y se agradece. No es un juego que te deje con la boca abierta ni que alcance ese nivel caricaturesco que su propuesta tenía el potencial de lograr, pero dentro de todo tiene su encanto y está bien.
Las fábricas, vertederos y ambientes industriales que dominan buena parte del recorrido son los más monótonos visualmente, pero el juego los compensa con algunos tramos donde la dirección artística brilla de verdad, especialmente en los momentos acuáticos y en el tramo final. La música acompaña bien ese tono de aventura ligera y cinematográfica, aunque tampoco es de esas bandas sonoras que te quedán resonando días después de haberlo terminado.
Ante tan linda y pulida propuesta estética, se siente un desperdicio que el tono caricaturezco y satírico de la historia se quede a medio camino en el impacto del juego. Uno tiene expectativas de que el juego va a relucir todo ese potencial de personalidad que demuestra, pero termina siendo una muestra tímida de lo que en verdad puede llegar a ser.
Conclusiones
Darwin’s Paradox! es un buen juego. Es disfrutable, no requiere demasiada atención y funciona bien como experiencia de plataformas 2D. Pero es difícil no sentir que tenía potencial para ser algo más. Que Darwin como personaje podría haber tenido mucha más chispa. Que la historia podría haberte envuelto de verdad. Que el sigilo podría tener esa vuelta de rosca para lograr ser un diferencial en lugar de simplemente frustración.
El juego cumple, y en sus mejores momentos destella esa personalidad que tanto prometía desde el tráiler. Pero una vez terminado, no despierta muchas ganas de volver a recorrerlo. Se disfruta, se termina, y se sigue con otra cosa. Para una propuesta que claramente tenía más para dar, esto termina siendo su mayor paradoja.
Manuel García
Me dedico a los medios y la publicidad en la generación de contenidos digitales. Siempre estoy hablando de videojuegos. Agradezco todos los días a la vida por haber puesto en mi camino a Shadow of the Colossus, quien encendió el fuego de esta pasión por los jueguitos. Fan de los RHCP, Tool, Star Wars y Marvel Snap. Jamás pude dejar el LOL.