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10 agosto 2022

Reseñamos: Cult of The Lamb

Un roguelike sectario, lleno de acción, animales y ritos demoniacos



Empecemos con una pregunta: ¿qué son las sectas? En términos sencillos, un grupo de personas que se reúnen, por lo general, en torno a seguir una fe o creencia que escapa a lo usual. Es común que dichas agrupaciones tengan tendencia al “secreto” en sus rituales, pensamiento o costumbres y a su vez, son varios los casos que demuestran una adoración a un líder carismático que cumple un rol de guía o pastor de estas “iglesias alternativas”. 

Podemos citar varios ejemplos de sectas a lo largo de la historia: tomemos el caso de Charles Manson y su infame Familia, o Jim Jones, fundador del Templo del Sol. Ambos grupos han pasado al recuerdo como paradigmas de lo fácil que puede resultar el manipular las mentes de las personas, en pos de seguir y cumplir los objetivos personales de un “dictador religioso”, y todo con la simple promesa de ser salvados del pecado y el castigo eterno. 

Aun así, a pesar de lo anteriormente expuesto, resulta intrigante el hecho que el mundillo sectario cale tan profundo en el interés de las personas y la cultura popular. Un detalle del que Cult of the Lamb, el nuevo juego publicado por Devolver Digital y desarrollado por Massive Monster, toma su punto de partida. Ya que ahora contaremos con la posibilidad de caer a lo más profundo del más allá, para volver a alzarnos de entre los muertos y fundar nuestra propia secta a imagen y semejanza del dueño de la verdad absoluta del mundo: “Aquel que Espera”. Y si pensábamos que los satanistas tenían su mala fama bien ganada, no podremos imaginar de lo que es capaz un cordero con deseos de venganza y poderes demoniacos.

Esta reseña NO contiene spoilers.



En Cult of the Lamb encarnaremos a un cordero de aspecto inocentón, que se encuentra atrapado a merced de un extraño culto. Se nos presentan 4 sacerdotes monstruosos que nos señalan como “el ultimo de su especie” y que, bajo la excusa de mantener la paz en sus reinos, nos asesinan a modo de ofrenda para no dejar que el demonio camine por la tierra una vez más y asegurar la supervivencia de la Antigua Fe

¿Qué quiere decir todo esto? Pues qué morimos al principio del juego. Sin embargo, no es más que el verdadero inicio para nuestras andanzas. En realidad, nos vemos siendo perdonados por una entidad demoniaca con el nombre de “Aquel que Espera”, ser que fue encerrado y encadenado por los 4 personajes del principio. Este nuevo “amigo” nos permitirá volver a la vida. Pero nada es gratis en el mundo, por lo que nos veremos obligados a fundar una nueva secta en nombre de dicho espectro. Todo para ir acumulando poder y ser capaces de plantarle cara a los líderes religiosos que nos sacrificaron en primer lugar.

A pesar de contar con un planteamiento para nada complejo y un elenco de personajes más bien corto, la narrativa de Cult of the Lamb logra alzarse como una oda a la venganza, de forma muy interesante. Aspecto que se ve complementado con un sentido del humor distintivo, que roza lo ridículo por momentos, una ambientación que yuxtapone lo siniestro con dibujos casi sacados de un libro de cuentos infantiles y unos niveles de violencia, acción y adrenalina más que notables.

Toda persona que haya visitado una iglesia alguna vez en su vida habrá escuchado la expresión “cordero de dios”. Sin embargo, dicha frase jamás había sido tan literal hasta este momento. 



Con respecto a la jugabilidad que nos ofrece Cult of the Lamb, hay bastantes apartados a tener en cuenta. Primero es importante hablar de su enfoque al roguelike. Gran parte de nuestro tiempo será invertido en cruzadas para enfrentar una serie de enemigos a lo largo de distintas mazmorras que recorren cada uno de los reinos gobernados por los 4 sacerdotes de la Antigua Fe.

En nuestro camino nos abriremos paso con un abanico de armas que irá aumentando en tamaño mientras la aventura avanza. Cada elemento del arsenal cuenta con dos atributos importantes, la velocidad que delimita el tiempo que tarda el cordero en lanzar un golpe a sus oponentes, y por supuesto, el daño. 

Entonces, por ejemplo, podremos tener la buena, o mala, suerte de toparnos con una espada, guanteletes, garras o cuchillas que quizás aniquilen rápidamente a las amenazas… pero que tarden un buen par de segundos en accionarse. Asimismo, también es posible acceder a armas con efectos especiales, tales como: envenenamiento o resurrección de espíritus para que peleen junto a nosotros.

Por otra parte, tendremos la posibilidad de elegir entre diferentes “Cartas de Tarot” que brindan bonificaciones y modificaciones al personaje. Cabe aclarar que solo podremos seleccionar una carta a la vez, mecánica que se aplica también a las armas, por lo que tener un estilo o estrategia de juego definidos puede ser importante si queremos cumplir con el objetivo. 

Además, nuestro cordero podrá desbloquear la habilidad de lanzar distintos tipos de maldiciones. Ataques de rango que están limitados por la cantidad de “fervor” con la que contemos en cada momento, dicha sustancia podremos recargarla fácilmente al asesinar a todos los enemigos en cada habitación.

En cada partida puede surgir un sentimiento de ansiedad o estrés al ver la velocidad en la que todo puede terminar mal si no somos lo suficientemente agiles y avispados para esquivar los ataques.



De aquí surge un punto interesante del que debemos hablar. Los enemigos a los que somos expuestos no representan una amenaza notable al encontrarse de forma individual, cada especie presenta un patrón sencillo y predecible generalmente. Sin hablar del titileo brillante a modo de advertencia cuando están a punto de lanzar un golpe, detalles que se replican en los jefes de cada nivel. No obstante, el verdadero reto surge al encontrarnos cara a cara contra oleadas de monstruos en casi cada habitación a la que entremos.

A su vez, el entorno muchas veces puede jugarnos en contra, ya que no son pocas las ocasiones en las que los monstruos se confunden con la hierba y elementos que están presentes en el mismo. La concentración es un requisito constante en cada cruzada.

En relación a todo lo anterior, es probable que más de uno pueda imaginar cierto parecido con la experiencia que nos ofrecía el clásico The Binding of Isaac, y es que Cult of the Lamb se llega a sentir por momentos como una versión más dinámica y completa del mismo. De cierta forma, la comparación es casi inevitable, y no ayuda la temática bíblico religiosa de ambos títulos. Sin embargo, aunque en el primero primaba una mecánica de shooter, con las lágrimas de Isaac a modo de arma, ahora nos hayamos en un juego que se centra en la lucha cuerpo a cuerpo entre el protagonista y sus adversarios. Por otra parte, el cordero suma la habilidad de esquivar a su lista de trucos, característica que aumenta la sensación de un combate más vivo y vertiginoso.

Cult of the Lamb permite una acción frenética y caótica en la que podemos acabar con casi todo en el escenario, siempre y cuando esquivemos y derrotemos exitosamente a cuanto monstruo se nos presente

No obstante, ese sentimiento de delirio que nos provoca el apretar un botón de ataque permanentemente, puede volverse contraproducente casi sin que nos demos cuenta. Con el tiempo nos percatamos que la precaución y saber entender los patrones de los enemigos es un factor en extremo importante para la victoria. Muy similar a cuando íbamos despacio en Sonic para no chocarnos de frente contra una trampa de Robotnik. La necesidad de ir rápido está ahí, pero hace falta pisar el freno y mantener la cautela.



Habíamos dicho con anterioridad que la dificultad en las cruzadas no era nada del otro mundo, y aunque nos aferramos a nuestras palabras, Cult of the Lamb no es un juego sencillo. Aquí aparece el otro 50% de la jugabilidad del título, pues también aclaramos qué, entre nuestras tareas como cordero del demonio, debemos fundar nuestra propia secta.

En este punto, muchos jugadores se sentirán arrastrados a una especie de The Sims o SimCity cultista y diabólico, y no es para menos. Desde el principio tendremos una especie de ruinas que se convertirán en el hogar de nuestra secta en honor a “Aquel que Espera”. Pero antes de brindarle sangre, carne y huesos de herejes a nuestro dios, tenemos que crear las bases de una sólida economía y sociedad, a través de numerosas actividades.

Una secta es como un equipo de fútbol, todo se trata del trabajo en equipo. Con esto queremos decir que la tarea inicial será reunir pobres almas en pena que estén dispuestas a seguir nuestra doctrina. ¿Pero cómo lo haremos? Bastante sencillo, en cada cruzada tendremos la posibilidad de encontrarnos con caminos alternativos que permiten sumar adeptos a la causa, algunas veces deberemos pagar por ellos y en otras no tendremos más opción que derrotar al jefe de la zona para que estos mismos se vuelvan aliados.



Con cada nuevo adepto iremos construyendo nuestra comunidad. Sin embargo, cabe destacar algo muy importante, los discípulos son poco más que niños bastante quejosos y sensibles. Si queremos progresar en el juego y complacer a dios, será vital mantener a los miembros del culto felices y fieles a la secta. Pero de nuevo ¿Cómo lo haremos? Pues ofreciéndoles alimento, un lugar donde dormir, un santuario, trabajo, amistades, regalos y hasta tumbas o baños. 

Todos los sectarios tienen sus propias necesidades y pensamientos, y depende del jugador satisfacer a cada uno para que no terminen por abandonar al grupo y convertirse en herejes.

El día a día en la secta puede volverse tedioso y estresante muy fácilmente, basta con que fallemos en una cruzada para que el nivel de fe de los creyentes descienda considerablemente. A su vez, si no podemos darles una cama cómoda o buena comida, el descontento en la comunidad subirá y nos dará varios problemas. Incluso nos veremos limpiando sus desperdicios en muchas oportunidades, pero por algo somos el cordero de dios.

El juego cuenta con un ciclo de día y noche, por lo que en cada jornada que pase dentro del mismo, el jugador tendrá que distribuir el tiempo entre luchar en cruzadas para recolectar materiales y adeptos, para luego volver a casa y cocinar, construir, reparar, cosechar y hacer todo lo que una ama de casa demoniaca haría.

Entonces ¿Cuál es el objetivo de tener seguidores? Aunque no lo parezca, los sectarios son fundamentales en la aventura, ya que de ellos depende que nuestro personaje logre alcanzar mayores niveles de poder. Si bien debemos trabajar duro para sacar adelante al grupo, no debemos olvidar que ahora somos líderes religiosos, y cómo tales, hay que hacernos respetar. 

Aquí entra uno de los apartados más interesantes del juego. Ya aclaramos que los seguidores de la secta son casi niños, y es verdad, pero eso los hace bastante influenciables y abiertos a escuchar lo que digamos. Pues más allá de mantener andando la comunidad, también debemos desarrollar la religión que fundemos. Para ello, contamos con opciones como desbloquear rituales de fe que van desde sacrificios de carne, funerales o hasta bodas. Todos afectan de forma distinta a los NPC, por lo que habrá que analizar bien cuando utilizar cada ritual. 

También daremos sermones, la palabra de dios para cada adepto, qué darán como resultado energía que cambiaremos por mejoras para el cordero, de forma que la lucha en las mazmorras no sea tan complicada. 

Recordemos que los seguidores tienen muchas necesidades por satisfacer, pues la fe es una, y quizás la más importante. Y hacer crecer nuestra doctrina religiosa es uno de los mejores métodos para mantener los corazones fervientes de las masas. 



El nivel de detalle en todas las posibilidades que tiene el apartado de gestión en Cult of the Lamb es una de las características más apreciables del juego. Si bien puede resultar estresante cuando el descontrol y la anarquía reina en la comunidad. La gran cantidad de opciones, tareas y acciones que podremos realizar para salir adelante hacen que el título se vuelva muy disfrutable y variado. Resulta sorprendente, gracioso y hasta siniestro por momentos el ver todas las medidas que tenemos a la mano como líder religioso para hacer prosperar a la secta. 

Dejando de lado la acción, aventura y gestión, también tenemos a disposición una serie de minijuegos que terminan por completar la oferta que trae Cult of the Lamb. Con un mapa que iremos descubriendo a medida que la historia avance, podremos cumplir misiones para que algunos personajes secundarios nos ofrezcan todo tipo de recompensas que mejoren al cordero, o simplemente brindarnos su fe. Destaca el “Matatena”, un juego de dados en el que apostaremos contra NPCs para agregar nuevas Cartas de Tarot a nuestro arsenal.


En el apartado visual, Cult of the Lamb goza de una estética bien lograda y animaciones simples pero fluidas. Si bien no hay ningún elemento que sea muy complejo en su composición, el juego logra crear un aspecto bastante único y reconocible. Los personajes presentan un diseño más bien infantil e inocente, la excepción clara son los jefes, enemigos o hasta “Aquel que Espera”. Aunque, tanto los adeptos de la secta, como el cordero, guardan características que reflejan una intención de equilibrar lo macabro de la historia con una imagen tierna e inocente.

Un concepto que recuerda a aquellos animales satánicos que aparecían en capítulos viejos de South Park. La irónica, y quizás premeditada, proximidad entre ambos casos resulta por lo menos curiosas si nos ponemos a analizarla. En ambos escenarios nos encontramos con seres del bosque que aparentan un aspecto amigable e indefenso, mientras que en el fondo esconden objetivos y actitudes perversas.

Pareciera que la idea de animales con dobles intenciones no es algo necesariamente nuevo, pero Cult of the Lamb sabe darle su toque especial al colocar todo en una ambientación que cambia de adorable a siniestra en cuestión de segundos. Es posible estar cosechando tranquilamente una calabaza, para luego tener que comer un estofado hecho a base de la carne de uno de los miembros del culto en cualquier momento.



Un detalle a tener en cuenta es que podemos cambiar la apariencia de los adeptos a la secta, además de su nombre o accesorios. Opción que quizás no aporte mucho, pero que resulta en un mayor nivel de personalización en torno a la comunidad que creemos. 

Eso sí, cada vez que iniciemos una partida y estemos en medio de una cruzada o controlando que todo marche bien dentro del culto, podremos sentir que estamos visitando un cuento de niños interactivo o la adaptación a videojuego de un programa animado solo para adultos con un estilo de dibujo muy engañoso, algo como un Happy Tree Friends religioso.


La música no es el punto más fuerte del juego. No existe ninguna pieza realmente distintiva o que destaque notablemente sobre el resto. Es posible sentir intenciones de colocar al jugador en un sentimiento de tensión o peligro, ideas que no son mal ejecutadas pero que no logran un resultado excelso.

En su mayoría, la ambientación que logra la banda sonora es adecuada, podemos sentir la oscuridad del bosque y las mazmorras, como también la amenaza que significa el enfrentarse a un jefe. Quizás lo frenético que resultan las partes roguelike de Cult of the Lamb nos distraen de prestarle la debida atención a cada pieza musical que suena en el momento. O tal vez, dichas composiciones no logran captar nuestro oído al carecer de la fuerza o ímpetu suficiente.

Por otra parte, el aspecto sonoro más llamativo se encuentra en los curiosos balbuceos que emiten los NPC al hablar con el cordero. Ese pseudo lenguaje simlish con tintes demoniacos se vuelve por lo menos gracioso cada vez que lo escuchamos, y se torna en un agregado pequeño pero carismático a la vez. Cabe destacar que existe un botón específico para hacer que nuestro protagonista lance un balido a modo de “plegaria al cielo”, algo que recuerda al botón de maullar en Stray



Devolver Digital y Massive Monster se unieron para traernos una pieza que puede competir por el título de roguelike del año con mucha comodidad. La jugabilidad tiene principios básicos que se expanden de forma vertiginosa. Todo aquel que pruebe el título disfrutará de momentos de frenetismo total, en los que sentirán una sensación de poder bastante adictiva. Aunque se verá interrumpida por una necesidad de prudencia y cuidado por sobre el deseo de dar espadazos a lo loco.

El estrés y la ansiedad tampoco serán ajenos. Los elementos de gestión del título son tan variados que muchas veces gastaremos más tiempo en chequear que cada detalle de la secta este correcto, ya que la facilidad con la que todo puede irse de las manos es casi ridícula. Por supuesto las mazmorras también tendrán su efecto negativo en los nervios de cada uno, pues la lucha es tan veloz que la adrenalina por evitar ser golpeados es más que constante.

Cult of the Lamb puede resultar muy frustrante y abrumador. Sin embargo, la idea, jugabilidad y propuesta que presenta es tan atractiva y atrapante que nos deja pidiendo más y más. Llegado cierto punto, aunque estemos cosechando bayas, limpiando excremento, pescando, dando sermones o matando infieles, podemos sentir que la cruzada del cordero se vuelve nuestra.



Autor:

Ramiro “Soul” Patiño

Una respuesta a “Reseñamos: Cult of The Lamb”

  1. Sonya dice:

    Interesante.. .

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