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15 octubre 2022

Final Fantasy VII, el legado y futuro de Midgar

El título que redefinió y revolucionó el rol en los videojuegos



Final Fantasy VII fue lanzado hace más de 20 años, y sin embargo continúa figurando como uno de los juegos más recordados, celebrados y comentados de la industria. La séptima entrega de la saga de RPG japonés marcó un antes y después tanto para su franquicia como para los juegos de rol en general. El punto de inflexión que representa hasta el día de hoy este título es un reflejo del tiempo de experimentación que la llegada de lo gráficos en 3D significaron para las desarrolladoras. La inclusión de técnicas de cámara y hasta una manera más dinámica de contar las historias son algunos de los destacados elementos que podemos encontrar en la obra de Square Enix.

Pero, ¿qué hace a Final Fantasy VII tan especial? Muchos podrían verse tentados en pensar que la nostalgia es un factor fundamental a la hora de justificar el legado del juego, un efecto que se repite en películas o series que disfrutábamos de chicos pero que quizás no eran la octava maravilla del entretenimiento audiovisual. Aun así, nos colocamos en una posición que ve más allá de la perspectiva que ofrece un añorado pasado. Buscamos la respuesta al interrogante en el valor y significado que tuvo la aventura de Cloud y los rebeldes de Avalancha, además de ver el modo en que continúan cautivando a los jugadores más modernos con su remake. Repasaremos el contexto histórico, la innovación, la fractura con lo ya establecido, su reversión más actual y demás aparatados que hacen de Final Fantasy VII, una joya de los videojuegos.

La PlayStation fue una nueva etapa para los jugadores y empresas creadoras, la consola creada por Sony traía la revolución de los gráficos en 3D y el almacenamiento en disco a las manos de los usuarios. Por supuesto, una mayor potencia significó más recursos y posibilidades para crear títulos que dieran un paso adelante en términos de experiencias y entretenimiento. Sin embargo, para las desarrolladoras, esta edad temprana de los ambientes en tres dimensiones fue un punto de quiebre significativo.

Los códigos habían cambiado y la jugabilidad ahora se dictaría con entornos explorables en todas direcciones, personajes poligonales y una mayor complejidad narrativa. Aun así, dicha renovación fue poco aprovechada en su momento ya que eran pocos las aventuras que realmente se daban el lujo de exprimir las bondades de los equipos de la flamante quinta generación de consolas. La experimentación y audacia por crear algo nuevo existía, pero no llegaba a mostrar todo de sí misma.



Es entonces que Final Fantasy VII aparece como una suerte de “rompe moldes” para la época. Estrenado 3 años después de que la PlayStation original llegara a las tiendas del mundo, la séptima fantasía de Square Enix fue la primera en su saga en presentar gráficos tridimensionales, que además explotaron al máximo las prestaciones que la plataforma de Sony podía ofrecer. Tan solo con pensar que el juego ocupaba 3 discos completos es evidencia del empeño que los desarrolladores habían puesto en el apartado visual.

En aquel entonces, el avance tecnológico del que hizo gala Final Fantasy VII fue algo prácticamente inédito. Midgar se nos mostró como una ciudad de tamaño colosal que podíamos descubrir paso a paso. Los personajes contaban con modelados muy detallados para la época y el escenario pre renderizado dejaba en evidencia el salto generacional que había pegado tanto la franquicia como la industria. Cloud y Avalancha se alzaron como símbolo de un nuevo tiempo para los videojuegos, hecho que se hacía por lo menos obvio si se ponía en comparación a las entregas anteriores de la misma saga. Fenómeno que también se traslada a gigante como Mario 64 o The Legend of Zelda: Ocarina of Time, ambos contemporáneos de FF7.



De la mano con la innovación mencionada, llegó la utilización de un lenguaje cinematográfico sin precedentes para el medio. Final Fantasy VII vio en este hecho la posibilidad de construir una narrativa inédita. Se utilizaron cinemáticas complejas, puntos de cámara variados que reflejaran mejor las escenas, una banda sonora inolvidable y la presencia de un elenco de protagonistas varios con sus propios objetivos y motivaciones.

El JRPG se definía en aquel entonces por un enfoque en elementos de la literatura clásica occidental, hablamos de historias con dragones, caballeros, castillos, etc. Un mundo medieval en el que un héroe, por lo general, debe salvar una princesa de las garras del villano. Sin embargo, Final Fantasy VII impulsó un argumento que rompió con el esquema tradicional del rol japonés.

Apenas empezar la aventura por primera vez, nos encontramos con un mundo más bien futurista o cyberpunk, vemos una sociedad consumida por la división entre las clases más pudientes y los menos afortunados, un planeta que agoniza por la contaminación y la presencia de la tecnología que rodea todo lugar al que vayamos. Todas breves descripciones que ponen en evidencia un planteamiento lejano al costumbrismo de las narrativas más mitológicas de antaño. Square Enix nos convirtió en testigos del sufrimiento en el mundo moderno, con tramas políticas y corporativas que solo miran por su propio bien, la pobreza que enfrentan los protagonistas y hasta la trágica muerte de los seres queridos.



El grupo de “Eco terroristas” Avalancha no son héroes, solo intentan luchar por un mundo más justo, mientras que gran parte del propio entramado social los culpan de atentados contra la paz y estabilidad de la ciudad. Cloud no es un legendario espadachín o el elegido para salvar al mundo, ni siquiera fue “Soldado de primera clase”, su trasfondo y vivencias son más profundos que eso y es el jugador quien lo descubre poco a poco. Final Fantasy VII trajo consigo una nueva forma de entender el rol japonés, su argumento es complejo y oscuro, incluso desalentador por momento, pero es allí que el juego se separa de sus antecesores y reescribe las reglas de su propio género, atrayendo a un nuevo público en el camino.

FF7 fue el título que trajo el reconocimiento al JRPG en occidente. Se sabe que otras obras como Chrono Trigger o Monster Hunter hicieron lo suyo en su momento, pero no lograron sortear el estatus de “obras de culto” para luego poder convertirse en éxitos de ventas. Con Final Fantasy VII, el rol japonés alcanzó el reconocimiento fuera de Japón y le abrió a la saga la posibilidad del respeto y admiración global hasta el día de hoy.

La vida en la metrópolis de Midgar nunca fue sencilla para muchos, ya sea que nos encontremos con lo visto 1997, o con la nueva versión de 2020. El ghetto del Sector 7 sufre por la constante contaminación que genera el consumo de Mako, pero a Shinra no parece importarle, pues continúan enfocados en buscar a los Cetra. Por su parte, Sephirot no descansa y su deseo por controlar el planeta ya ha consumido toda su mente. Cloud sigue sin recuperar sus memorias, Barret no para de preocuparse por su hija, y el Séptimo Cielo mantiene las puertas abiertas para nosotros.



Si bien el tiempo ha pasado, y FF7 palidece a simple vista para los estándares actuales, el legado de la obra de Square Enix continúa en las manos de su remake, la cual toma numerosos elementos de la historia original, plantea una nueva línea temporal que brinda una segunda oportunidad para unirse a Cloud y sus compañeros, mismos que se ven renovados y más definidos que nunca. La nostalgia se llega a mezclar con las nuevas tecnologías para traernos la historia que ya vivimos, pero redefinida.

Final Fantasy VII encuentra en su reversión la oportunidad de repetir la hazaña alcanzada hace más de 25 años atrás, el atrapar a los jugadores con su argumento, universo y trepidante acción que hacen sentir a Midgar más cerca que nunca.


Autor:

Ramiro Patiño

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